Y las campanas repicaron…
El fuerte sonido de las campanas que en cada fiesta se escucha y llega desde la imponente torre del Templo de San Francisco en la fiesta de la Virgen de la Purísima Concepción es gracias a ellos.
El grupo de campaneros que desde décadas atrás, vienen haciendo esta labor religiosa de manera voluntaria y que generación tras generación, mantienen viva esta tradición que anuncia el regocijo en cada fiesta.
Desde las alturas, los campaneros del templo de San Francisco, utilizan su fuerza para voltear las grandes campanas que retumban una tras otra pasando a toda velocidad y a centímetros de ellos con el riesgo de ser golpeados.
Con las manos, con los pies y hasta con el cuerpo entero se abalanzan en las gruesas cuerdas para mover el gran badajo qué golpea la superficie de bronce y así cumplir con el gran trabajo que este grupo de jóvenes y adultos forman en cada celebración con puro amor y vocación.
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